De interés

18 mayo 2021

Las jardineras de «La barra de Copérnico» por Amelie Ávalos Hernández



Las jardineras de «La barra de Copérnico», por Amelie Ávalos Hernández

 

Más allá de los planes de estudio y los autores clásicos, hay todo un mundo literario que nutre al alumnado que se deja llevar por la letras y consigue interiorizar que todo lo que sea capaz de disfrutar leyendo, lo está también viviendo. Pero para ello se necesitan personas entregadas, que se empapen y consigan inspirar y fomentar el hábito de la lectura en quienes están empezando "a ser", como quien dice. Y es ése el papel fundamental de la comunidad docente.


Angélica Montes es promotora de la lectura desde 1993. “No sé desde cuándo descubrí que cada quien tiene una misión en la vida, la mía es generar un acercamiento a la palabra, a la literatura. Mi abuela paterna anhelaba que yo me convirtiera en monja. Me fue imposible concederle su deseo. Pero anhelo convertirme en una especie de misionera de la promoción a la lectura. Entregarme de manera ferviente a la literatura como una especie de Dios y portar el hábito de la palabra escrita”, describe Montes.
 
“Los promotores de lectura son como los barrenderos de una ciudad. Es el trabajo que normalmente no se aprecia. Se aprecia el trabajo del escritor, del editor, del traductor, del vendedor pero no el del promotor, que es el que acerca a las personas a las lecturas”, señala Montes, cuyo método es accesible para personas desde los 3 años de edad hasta adultos mayores. “Para quienes no han leído, trato de que no se les convierta en algo pesado y mucho menos, una obligación. Siempre inicio con la obra de autores-ilustradores, donde invade la imagen y el texto es mínimo. Luego, voy agregando densidad o profundidad, con autores de obras con más texto y menos imagen. Y para soltarles la rienda,  y conseguir que sean lectores independientes. Esta metodología la he bautizado como De Autor y se enfoca directamente a la contextualización del mismo.
 
Montes incluyó recientemente en sus clases para jóvenes 'La barra de Copérnico' (Olé Libros), un poemario que ha inspirado a su joven alumna Amelie Ávalos a escribirle una carta a la autora. Desde las entrañas de una joven de Colima, México, pandemia mediante, nos llega esta carta a Gran Canaria, residencia de la autora Ibón S. Rosales
 
Estimada Ibón:
 
Nunca el contemplar las olas me había recordado a alguien, y nunca me había sentido tan inspirada para contar los granos de arena hasta que leí “La barra de Copérnico”. A veces solemos admirar paisajes insignificantes a excepción por su belleza. Pero, para mí, el mar es solo mar hasta que te imagino surfeando, entonces deja de ser mar, y se convierte en una fantasía.
 
A mares somos, y amares somos.
 
Qué forma tan peculiar de plasmar el deseo, el romance. A final de cuentas, la vida es peculiar. Probablemente los atardeceres en la playa me recuerden a ti, probablemente no somos más que dos pedazos de materia cuya mente coincidió en tiempo, pero en espacio no.
 
Empecé con la mano izquierda, debí haberme presentado. Soy una lectora más de tus jardineras, pues creo que tus poemas son jardineras, tienen la capacidad de hacer crecer hierba en quienes los leen; y no hablo solo por mí, sino también por el secuestro de mi libro por parte de mi hermana, lo tomó y no lo volví a ver después de dos semanas.
 
Me siento impresionada, pues la forma en la que planteas la sexualidad de la mujer, (la cual ha sido condenada por mucho tiempo, y causa tanta indignación) es tan (vaya la redundancia) poética, y fresca. Me hace sentir más humana, me hace saber que no soy solo alguien que por otorgarle el género femenino no puede sentir, no puede expresar el deseo. Pues cuando viene a mi sexualización, les gusta hablar de ella, pero si yo quiero expresar en mis letras, o en mis cantos; que también deseo, que también siento, les indigna.
 
Mala suerte que para poder expresarnos debamos usar la palabra “valentía”, pues en un mundo hecho para susurros, aquella que grita es valiente, pero en realidad está siendo como debería ser, ser valiente viene de hacer algo que puede que traiga fuertes consecuencias, pero no te importe, somos valientes al alzar nuestra voz porque eso nos ha traído castigos, represalias, hace 100 años era quemarnos, hoy en día es llamarnos locas, exageradas, feminazis. Mi pregunta es: si un hombre hiciera lo mismo, ¿le dirías lo mismo? Entonces al hablar una mujer, se nos atribuye la palabra valentía, que si este fuera otro mundo solo sería la palabra expresión, pero no lo es, y espero poder seguir viva para presenciar ese momento en el que una mujer se exprese sea lo normal y no “valentía”.
 
En fin, que el mar nunca se irá, los granos de arena no se terminarán, y el viento no dejará de soplar, así que tú en mí, no dejarás de estar.
 
Atte.: Amelie Fernanda Ávalos Hernández
 
Las jardineras de «La barra de Copérnico», por Amelie Ávalos Hernández
 
La joven Amelie Fernanda Ávalos Hernández




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