Esta exposición es el resultado de la feliz idea de unos estudiantes de arquitectura de Barcelona que, en 1960, en una época de total aislamiento cultural, consiguieron que artistas de gran renombre internacional les enviaran dibujos originales con el fin de financiar su viaje de final de carrera. Después de 56 años custodiada en el archivo del Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña, esta magnífica colección vuelve a ser mostrada al público, que descubrirá tanto la fuerza de una idea irrepetible como un ejemplo del arte que se realizaba en el mundo en 1960.
Una sorprendente colección de dibujos de grandes artistas que, en palabras de José Corredor Matheos (crítico de arte e historiador): "entre aquellas realizaciones se halla esta magnífica colección de dibujos, debida a la iniciativa de un grupo de estudiantes de arquitectura. Y debida también, naturalmente, a la generosidad que tuvieron con los jóvenes arquitectos grandes maestros de la pintura, la escultura, la arquitectura o el diseño como Armitage, Calder, Clavé, Cocteau, Dix, Ferrant, Gabo, Gropius, Hartung, Manzù, Miró, Morandi, Neutra, Poliakoff, Ponti, Saarinen, Saura, Soulages, Tamayo y Tàpies."
UNA IDEA RECOMPENSADA
Teníamos un sueño y 25 años. Y lo que creíamos era una gran idea: formar una colección de arte que nos permitiera recorrer el mundo viendo la arquitectura que sólo conocíamos por los libros.
La historia comenzó en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, en enero de 1960. A esa fecha habíamos recaudado unos pocos miles de pesetas a base de bailes, cenas y ayudas de la escuela. Ese importe resultaba, a todas luces, insuficiente. Un viaje de fin de curso para 30 alumnos alrededor del mundo costaba mucho más. Y entonces surgió una idea que antes nadie había concebido: pedirle a los arquitectos, escultores y pintores más famosos del mundo que, con su generosidad, nos ayudasen a financiar nuestro sueño. Pero, ¿por qué Calder, Appel, Tamayo o Walter Gropius iban a regalar una obra suya a un grupo de estudiantes españoles? Quizá el secreto estuvo en no plantearse esa pregunta. Reinvertimos todo lo recaudado hasta el momento en 270 carpetas, cartulinas y sellos e iniciamos una aventura que sólo la juventud puede llevar a cabo.
La primera dificultad era elegir a los artistas. La relación de arquitectos surgió de forma natural pues eran parte de nuestra formación en la escuela, pero los pintores y escultores requerían de una altura de miras que la España de finales de los 50 nos había vedado. Nos salvaron dos cosas: un catálogo de la exposición “50 años de Arte Moderno” (Exposición Universal de Bruselas, 1958) que venía avalado por los comisarios más prestigiosos de cada país, y Alexandre Cirici Pellicer, entusiasta crítico de arte que nos ayudó a seleccionar a los artistas españoles. Con esos tres pilares construimos el edificio y meses más tarde habíamos obtenido la dirección de los artistas a través de las diferentes embajadas. Todos recibieron el mismo contenido: una carta explicando nuestra iniciativa, una relación de los autores seleccionados, un sobre con nuestras señas y una cartulina din a4 con la inscripción “85 Promoción de Arquitectos. Barcelona, España”.
La primera respuesta llegó en febrero de 1960, apenas un mes después de haber enviado las cartas. A partir de entonces, cada nuevo sobre era una fiesta: Serge Poliakoff, Giorgio Morandi, Ossip Zadkine, Lucio Fontana y así durante tres meses más hasta completar 141 artistas de 22 países. Como curiosidad podemos reseñar que a Miró le enviamos dos cartas para conseguir un dibujo; a Dalí ninguna, por exigencia de Miró; a Cocteau una carta, a pesar de la prohibición expresa de Miró, y nos mandó dos dibujos; y a Picasso le hicimos llegar tres, sin respuesta por su parte.
Visto el resultado final, no podíamos creerlo. Más de la mitad de los mejores artistas del mundo nos habían regalado “una muestra de su arte”, tal y como le escribimos en nuestra solicitud. Habíamos conseguido lo más difícil y así lo celebraron la prensa y algunos críticos de la época, como Santos Torroella, Juan Eduardo Cirlot o Juan Teixidor, quien nos dedicó una página entera de la revista Destino. Solo quedaba la segunda parte, convertir en un viaje aquella colección de arte.
La idea original era organizar una exposición y celebrar una posterior subasta en la Sala Gaspar de Barcelona. Durante unas semanas nos afanamos en prepararla, montando todas las obras en unos paneles de madera cedidos por la galería. Según nuestros cálculos, el viaje de vuelta al mundo estaba garantizado, pero a medida que íbamos colgando las obras en las paredes de la Sala Gaspar, el sentimiento de que aquella colección merecía un final distinto fue ganando fuerza. Corrimos la voz. Estábamos dispuestos a recortar nuestro viaje a cambio de mantener la colección unida, tal cual la habíamos concebido. Y entonces apareció la solución. El 31 de mayo de 1960, a propuesta del secretario Antoni de Moragas y con el apoyo incondicional de los arquitectos Coderch y Valls, la Junta General Ordinaria del Colegio de Arquitectos de Barcelona, tras un intenso debate, acordó adquirir la colección en su integridad y así evitar la subasta. Habíamos fallado al Sr. Gaspar pero cumplimos con Barcelona.
El viaje de estudios cumplió todas las expectativas. Durante un mes y cuatro días vistamos las obras de nuestros arquitectos de referencia en un trayecto de ida y vuelta que nos llevó desde Barcelona a Helsinki. La capilla de Ronchamp de Le Corbusier, los edificios de Arne Jacobsen, los barrios satélite de Estocolmo, el Kulttuuritalo de Alvar Aalto, la sede de la unesco en París o las obras de Bakema en Rotterdam desfilaban ante unos estudiantes aún asombrados de lo que habían conseguido. Pero nuestra mayor satisfacción la obteníamos en los museos de arte contemporáneo. Allí tomábamos conciencia de la generosidad de los artistas y pensábamos orgullosos que algún día alguien celebraría nuestra decisión de mantener la colección unida.
Y así ha sido hasta ahora. Medio siglo más tarde hemos conseguido trasladar nuestro entusiasmo original a la comisaria Victoria Combalía, quien, junto con la colaboración desinteresada del Colegio de Arquitectos de Barcelona y la magnífica acogida de la Fundació Vila Casas, nos ha permitido desempolvar un pedazo de nuestra juventud, un trozo de nuestra historia que, con el paso del tiempo, es ya una historia de todos.
Vicente Saavedra Martínez
miembro de la 85 Promoción de Arquitectos de Barcelona
¿Qué se pintaba en 1960?
Hoy, 56 años después de haber sido reunida, tenemos la oportunidad de contemplar otra vez esta espléndida colección de dibujos. Como casi todos fueron realizados en 1960, el conjunto puede verse como una suerte de radiografía del arte de aquel entonces. Y ha resultado ser una excelente muestra de casi todas las modalidades de la abstracción de aquella época: informalismo, tachismo, abstracción lírica, abstracción geométrica, espacialismo. Cabe destacar la presencia — y por tanto la generosidad— de autores tan importantes como Joan Miró, Naum Gabo, Erich Heckel, Otto Dix, Giorgio Morandi, Lucio Fontana, Ángel Ferrant, Max Bill, Antoni Tàpies, Hans Hartung, Karel Appel, César, Antoni Clavé, Martín Chirino, Antonio Saura, Pierre Soulages, Rufino Tamayo y Victor Vasarely. Y cabe señalar también que antiguos grupos tan importantes como Dau al Set y El Paso quedan bien representados en esta selección.
Del surrealismo está presente Joan Miró, con un bello dibujo con signos muy propios de su lenguaje: una figura esquemática — masculina o femenina— junto a una gran estrella y líneas coloreadas. Del constructivismo ruso, está presente Naum Gabo, un escultor fundamental del siglo xx que a partir de la descomposición cubista trabajó con planos curvos que se despliegan como alas, dando sensación de movimiento (precisamente como en el dibujo que envió). De la abstracción geométrica, hay un dibujo de Max Bill, que fue arquitecto, pintor, escultor y diseñador gráfico, y que aquí envió un dibujo casi neoplasticista por su contraposición de horizontales y verticales.
Es curioso ver que hubo dos expresionistas alemanes tan importantes como Heckel y Otto Dix que enviaron obras: Heckel una xilografía decorativa pero potente y Dix un dibujo espléndido, quizás una de las mejores obras de esta colección: una mujer de pechos erguidos, despeinada y de mirada un tanto provocativa, tan expresiva como sus personajes de los años 20. Aunque sea posterior cronológicamente, podemos incluir en este grupo a Karel Appel, del grupo Cobra, que envió una figura realizada con gestos muy rápidos y expresivos, en negro sobre un fondo de colores vivos.
Hay artistas un tanto inclasificables pero excelsos como lo es Morandi, que envió otra de las piezas clave de esta colección: uno de sus escuetos bodegones reducidos aquí a unas pocas líneas que sugieren perfectamente tres recipientes sobre una mesa o tablero. Otro inclasificable es Rufino Tamayo, cuya figuración esquemática está aquí presente con una figura poscubista en movimiento. Y Cocteau, con dos de sus conocidas cabezas clásicas de perfil.
Del movimiento informalista, que ocupó gran parte de la escena artística europea en la posguerra y hasta bien entrados los años 60, existen aquí ejemplos para todos los gustos, de forma que esta colección es casi una enciclopedia de este movimiento. Yo destacaría el potente Canogar, con sus gestos en blanco y negro típicos del momento del grupo El Paso; el reticular Corneille en rojos y negros; el impresionante Capogrossi, con sus signos de púas o tridentes que evocan figuras o animales; el intenso Will Faber, con sus formas biomórficas; el espléndido Guinovart, con sus habituales rojos, negros y ocres; el potente Hartung, con sus líneas caligráficas casi automáticas. Antonio Saura envió una de sus dramáticas figuras de enérgicas pinceladas en negro; Soulages una composición con fuertes trazos; mientras Tàpies proponía una abstracción que incluía sus signos típicos: la cruz en aspa, las espirales, las rayas horizontales, todo ello sobre un papel rasgado. Más geométricas, en cambio, son las obras del italiano Alberto Magnelli y el danés Richard Mortensen, representantes ambos del arte concreto; y también la del ruso Serge Poliakoff. Los tres trabajarían largos años en París. Hay asimismo ejemplos de la abstracción gestual más lírica, como lo son la obra de César (el famoso escultor francés, autor de las Compresiones de carrocerías de coche) o la obra del escultor Pablo Serrano. Pero quizás el gesto más radical es, evidentemente, el de Lucio Fontana, que perforó el papel con un punzón y rodeó los agujeros resultantes con una línea, creando de esta forma dos espacios: el real incorporado al dibujo y el dibujado en el papel. El artista del espacialismo contribuyó con una de las mejores obras de la colección y Juan Gaspar, cuando la vio, se emocionó diciendo que no conocía ninguna obra de este autor en una colección española (aunque, recordémoslo, en 1960 eran muchos los ausentes en las colecciones españolas).
En cuanto a Victor Vasarely, uno de los más grandes representantes del arte óptico, envió aquí un collage, con dos rombos como formas principales, que constituyó la portada del catálogo de la exposición en la Sala Gaspar, que incluía un texto de Alexandre Cirici i Pellicer.
La figuración también está presente en esta colección y se pasa de un delicioso y espléndido Pere Pruna representando a Eva, al tema arquitectónico de Paco Todó, una delicia de sutileza dibujística, y al ingenuismo de Josep Mª. de Sucre. Otros artistas enviaron dibujos de desnudos — un género clásico— como lo hicieron Ramon Rogent o Gustav Seitz, o estudios de figuras, como la de Roca Sastre, cubistizante.
Los dibujos de los escultores suelen tener una gran calidad, y aquí lo demuestran. Ossip Zadkine envió un precioso guitarrista de líneas casi quebradas; Villèlia, una delicada retícula; Andreu Alfaro, lo que pudiera ser un proyecto para una escultura real; Calder, unas formas geométricas en rojo y negro; Marcel Martí, una figura frente a una suerte de tótem; y Subirachs, unas estilizadas figuras que parecen simbolizar a pintores, escultores y arquitectos. Los escultores británicos están bien representados en este conjunto, con un desnudo casi expresionista de Kenneth Armitage y dos figuras de hombre que asemejan pájaros, de Lynn Chadwick. Manzù está presente con un rostro femenino de finísimas líneas a lápiz y Emilio Greco trata el mismo tema con acentuadas sombras en color azul.
Esta exposición dará a conocer a artistas extranjeros que gozaron de gran fama en aquellos momentos o que son figuras importantísimas en sus respectivos países y que son poco conocidos aquí. Sabri Berkel, turco, envió una de sus conocidas caligrafías; el portugués Botelho, una vista de la Alfama de Lisboa; el belga Luc Peire, unas figuras verticales típicas de su lenguaje visual; el escultor Mario Negri, unas formas cubistas; el alemán Werner, una magnífica composición biomórfica. De hecho, esta colección permite reflexionar sobre la época: cómo se aprendieron las lecciones de las primeras vanguardias y todo el juego que dio, durante décadas de posguerra, la abstracción.
¿Y qué decir de los arquitectos? Sus respuestas fueron variadísimas: desde el dibujo caricatural de Richard Neutra hasta el precioso Gio Ponti, pasando por un dibujo hecho mientras telefoneaba de Saarinen (perfectamente digno de ser expuesto), los proyectos dibujados de Bakema y Bernard Zehrfuss y las fotografías de Walter Gropius y Alfred Roth.
Dejando aparte la calidad de las piezas exhibidas, el interés de esta muestra es también sociológico: el de comprobar el entusiasmo que parecía utópico de unos estudiantes de fin de carrera y la generosidad de unos artistas y arquitectos —algunos ya con 70 años y otros con incluso más— que regalaron una obra para que los jóvenes vieran cumplido su sueño.
Victoria Combalía

Modelo de la carta que se envió a todos los artistas, solicitándoles “una prueba de su arte”

Alumnos montando la exposición en la Sala Gaspar de Barcelona

Inaugurado el nuevo edificio del Colegio de Arquitectos de Barcelona el año 1962, la colección se expuso durante un breve tiempo y permaneció allí guardada hasta enero de 2016

Los miembros de la 85 promoción acompañados del catedrático Ros Vila

Los integrantes del grupo delante de la capilla de Le Corbusier en Ronchamp

La capilla de Notre-Dame-du-Haut en Ronchamp, construida sobre una colina en el año 1955

10 CALDER,Alexander Philadelphia, 1898 New York, 1976

106 SARTORIS,Alberto Turi?n,Italia, 1901 Suiza, 1998

109 SAURA,Antonio Husca, 1930 Cuenca, 1998

124 TAPIES,Antoni Barcelona, 1923-2012
