Su responsable es el
fotógrafo grancanario Tomás Correa. A través de talleres presenciales y en el exterior, se han trabajado los conocimientos y herramientas necesarios que les permitieron llegar a expresarse por medio del lenguaje de la fotografía.
La cámara lúcida fue un mecanismo óptico utilizado por muchos artistas en el pasado. Éste les facilitaba la interpretación de su entorno a la hora de transferir la realidad al lienzo.
De la misma forma, la cámara fotográfica ha sido usada en este proyecto para interpretar el mundo; tanto el exterior como el interior.
Sorprende comprobar como en un espacio tan corto de tiempo, un grupo de personas, en su mayoría sin experiencia previa y con una discapacidad, a priori tan relevante para la fotografía, como es la visual, hayan sido capaces de abordar tantos géneros diferentes y con tanta sensibilidad; la abstracción, la familia, la naturaleza, el autorretrato, la fotografía de calle, la de denuncia, la fotografía autobiográfica, la conceptual...
Pero por encima de todo, esta exposición pone en evidencia que para ver no es imprescindible la vista, sino querer ver.